Habitantes entre el individualismo y las comunidades hipertexto

Al final del tercer capítulo de “Los nuevos principios del urbanismo”, Asher presenta este esquema resumen de lo que considera las tres revoluciones modernas sucedidas en la historia del mundo Occidental y de las cuales se deduce su modelo de ciudad o de habitar el territorio:

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Asher defendió (hasta su último libro, “Diario de un hipermoderno”, escrito antes de fallecer en 2009) que la época en que vivimos no tiende al fin de la modernidad (en contra de lo que consideran los postmodernos). Mantiene que seguimos en una dinámica de modernización porque los elementos que caracterizan la modernidad no hacen más que desarrollarse hacia niveles extremos. Estos elementos son: La individualización, la racionalidad, la diversificación o diferenciación social.

Quiero centrarme en este post en reflexionar sobre la individualización. Sigue leyendo

Desorden y desobediencia

En el primer capítulo del libro “El artesano”, Richard Sennet establece una diferenciación en las dos formas de trabajar dentro de la comunidad linux: la que denomina catedral basada en un modelo jerárquico y la llamada el bazar, que podríamos identificar con el caos. Esta división que Sennet vincula a Linux está directamente relacionada con la diferencia entre software libre y el software de código abierto, que comparten la misma base pero no la misma ética ni objetivos. El software libre cree en la libertad de los usuarios, susceptible de derivar en una experiencia caótica. Tal vez para conseguir esa libertad (de código y software) debamos perderle el miedo al desorden. Sigue leyendo

Territorios híbridos – mapas de colaboración

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La sociedad debe (…) dotarse de nuevos instrumentos para intentar dominar esta revolución urbana, sacar partido de ella y limitar sus posibles perjuicios. Para ello, hace falta un nuevo urbanismo que se corresponda con las formas de pensar y actuar de esta tercera modernidad.” François Ascher, “los nuevos principios del urbanismo”, 2001.

A un arquitecto como yo, (“¡aún no tienes el título!”; ¡tss cállate niño!) se le hincha el pecho de emoción, la cabeza de ideas, y la boca de palabrería cuando empezamos un discurso con “el territorio”, y es que es verdad que en nuestras escuelas nos inculcan a conciencia la idea tan poética de que “un proyecto nace de su territorio”. Sigue leyendo