Desorden y desobediencia

En el primer capítulo del libro “El artesano”, Richard Sennet establece una diferenciación en las dos formas de trabajar dentro de la comunidad linux: la que denomina catedral basada en un modelo jerárquico y la llamada el bazar, que podríamos identificar con el caos. Esta división que Sennet vincula a Linux está directamente relacionada con la diferencia entre software libre y el software de código abierto, que comparten la misma base pero no la misma ética ni objetivos. El software libre cree en la libertad de los usuarios, susceptible de derivar en una experiencia caótica. Tal vez para conseguir esa libertad (de código y software) debamos perderle el miedo al desorden. Más allá de la belleza del propio concepto de la entropía desde el punto de vista bohemio y libertario, nos resulta aún muy difícil salirnos de los marcos de la efectividad y productividad propio de los sistemas jerárquicos. Es por ello por lo que los movimientos asamblearios y horizontales a veces nos suponen tan difíciles: Son necesarias nuevas formas de pensar(nos), cotrabajar o incluso de querernos, una nueva forma de entendernos. Para el procomún no es sólo importante crear espacios colaborativos, sino también establecer nuevas formas de utilizarlos, de repensar las herramientas que nos facilitan nuevos procesos, y a su vez, desarrollar nuevas técnicas procomunales. ¿Y por qué en común? Porque varios ojos hacen un problema mucho más pequeño. Dentro de la comunidad Linux, la comunidad pasa a ser un asunto marginal, siendo la resolución de problemas el objetivo principal.

Sin embargo, la comunidad también es importante, en sí. La creación y producción de forma comunal o comunitaria, hace necesaria la integración de todas las actoras sociales en la toma de decisiones y en la creación, producción y reproducción: ¿Qué hacemos con los trabajos reproductivos? ¿Con todos aquellos trabajos invisibilizados? O como lo denominaron en el festival Copylove, los procomunes invisibles. Al fin y al cabo estos trabajos reproductivos son la mayor manifestación del bien común como motivación de las artesanas. Crear nuevas formas de vivir, de compartir y de participación colectiva hace que sea totalmente necesario que repensemos la forma que tenemos de valorar el trabajo y de establecer también nuevas formas de cuidarnos para poder lograr también una sociedad más equitativa y en el que todas podamos participar.  Cuando Sennet habla de la alienación producida por la división entre la mano y la cabeza, también está poniendo sobre la mesa la necesidad de revalorizar el trabajo reproductivo, no sólo dentro de la propia construcción o diseño (ya que toma como ejemplo el uso del software CAD), sino también todos aquellos trabajos invisibilizados por el gran enemigo del capitalismo. Y para que pueda suceder es necesario una revolución. Caótica. Que acabe en un desorden que nos permita volver a empezar y trabajarlo entre todas.

“El lugar del que partimos es el espacio vivido: aquel donde los cuerpos se alegran y sufren; por el cual se pasea; un lugar con raíz y memoria que habla por sí mismo. En las voces de sus habitantes, en su pensar, decir y actuar, el lugar se hace concreto y se encarga, para reflejar, en toda su complejidad, las relaciones que lo conforman y lo reviven. Defender el lugar es también pensarlo por nosotrxs mismxs. Desde aquí parte, por tanto, nuestra crítica de las estructuras dominantes y de las visiones hegemónicas que las sostienen, combustible ideológico que oculta su verdadera naturaleza”. Así comienza el último fanzine que me estoy leyendo, toda una reflexión de cómo la gestión del territorio no está librada de ideología y de política. Por ello, para poder crear nuevos espacios, lugares comunes y formas de relacionarnos, es necesario que nos hagamos también con el territorio. Que pensemos y actuemos en lo local, que nos enredemos, pero sin caer en la atomización. Por ello, creo totalmente necesaria la reapropiación de espacios y volver a hacernos con lo público, no desde un punto de vista estatista, sino como lo (pro)común, de la colaboración y el cooperativismo. Los bienes que son de todos y a la vez no son de nadie. Y así visto, dentro de este sistema, capitalista y repleto de propiedad privada, el procomún es desobediente, rebelde y desordenado.

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3 comentarios en “Desorden y desobediencia

  1. Hola Candela!

    Hace unas semanas asistí a un taller llamado ” La Ruta de las Emprendedoras Artesanas”, del que escribí este post . Para mí estos talleres serían un ejemplo claro e ilusionante que trabaja en pos de las cosas que reclamas en tu post: espacios colaborativos entre redes y comunidades, nuevas herramientas de gestión y apropiación del territorio, nuevas herramientas y procesos de creación de mercados, de nuestros bazares, trabajos productivos y reproductivos, crítica a los sistemas hegemónicos dominantes de producción de economía y creación de alternativas…

    Lo que se propone estos talleres es la emancipación personal y colectiva, desde los saberes de cada persona, que sabiendo gestionarlos, es posible hacerlos formar parte de redes de colaboración que extiendan sus posibilidades reales de generar esa economía alternativa desde las formas propias de cada persona de habitar y desarrollarse.

    Ahora bien, estos talleres no son un reclamo al desorden, todo lo contrario. Precisamente lo que ayudan es a ordenar la nube dispersa de ideas y recursos con los que cada persona llega, para hacerlos operativos, accionables. Si no somos capaces de organizarnos, de diseñar nuestra Ruta, e ir resolviendo tareas, será difícil conseguir esa emancipación desde nuestras subjetividades, que tanto deseamos.

    Así pues, no creo que bazar o libertad sean igual a caos. Pero por todo lo demás, comparto muchas de tus inquietudes, y como le he dicho a Robert, desearía que tras estos post introductorios, pasaramos a exponer, intentar comprender y aprender de ejemplo concretos.

    Un saludo!!!

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    • Creo que más bien son dos formas de ver el caos. En realidad me estaba refiriendo a un punto de vista más entrópico. El caos y el desorden me gusta porque creo que a veces es necesario una catarsis para poder cambiar algunas cosas (también desde el punto de vista personal), por lo que la idea del caos y desorden de ideas para poder volver a reapropiarnos de ellas y hacer con ellas lo que nos dé la gana, me parece muy atractiva. 🙂 Pero por lo demás, parece muy interesante todo lo que has comentado 🙂

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  2. Yo también comparto estos intereses que tenéis las dos por conseguir un estado en el que se asimilen las subjetividades individuales dentro de una comunidad de tal forma que todas tengan una voz al tiempo que trabajan juntas. Bueno, de hecho creo que es el gran objetivo de mi vida si tuviese que elegir alguno.
    Me interesa especialmente el concepto de caos al que nos aproximarnos. Recuerdo cuando leí el libro de Ilya Prigogine, “el Fin de las Certidumbres”, en el que expone desde los campos de la física y la filosofía, muchos puntos de vista relativos al ordenamiento del universo. Empieza por el determinismo y las cadenas causales llegando al demonio de Laplace. Después establece una especia de determinismo caótico a través del efecto mariposa de Lorenz y una serie de ecuaciones sencillas (donde un pequeño cambio en las condiciones iniciales generan unos cambios en los resultados finales muy difícilmente previsibles su Capítulo IV, las leyes del caos). Y finalmente acaba hablando de física cuántica y de indeterminaciones a partir de caminos divergentes.

    Hago esta referencia porque creo que hemos expuesto diferentes concepciones de caos en estos artículos. Cuando Candela habla de caos parece que se refiere a un estado informe en el cual no hay reglas y dichas reglas surgen de las negociaciones dentro del grupo. De esta manera asociaríamos el caos a un estadio originario, del cual sale un orden. Según lo veo yo, esta concepción está muy cerca de la idea de las crisis capitalistas y dicha asociación da lugar a teorías tan poco comunitarias o solidarias como el anarco-capitalismo.
    Por otro lado cuando María habla de caos lo entiendo con las connotaciones negativas del habla común en el que el caos es un estadio sin orden y, rápido y mal, casi apocalíptico.

    Según lo veo yo, a través de la historia hemos dado diferentes ordenamientos a nuestra sociedad muchas veces en función de cómo concebimos el universo (¿o, biceversa?). El dogma de Dios padre todo poderoso se traslada a una sociedad jerarquizada y patriarcal. La era mecanicista, la física mecánica y el determinismo (el demonio de Laplace), lo industrial, divide la sociedad en funciones, cada grupo tiene una función y un propósito en la vida (aunque arrastra por supuesto ideas pasadas). Con el nacimiento de la física cuántica y las teorías del caos aparecen también las nuevas tecnologías de la comunicación y la dispersión, y la concepción de un mundo desordenado como algo posible. Es en este punto donde recupero el discurso de Candela para decir que el estado que yo considero como ideal es el del caos constante, donde las negociaciones colectivas dan pie a otro caos. Al igual que Prigogine, no creo que el efecto mariposa sea el estilo que buscamos. No creo que un estado normalmente predecible, con un orden establecido, en el cual de tanto en tanto un huracán lo remueve creando un desorden temporal que genera otro orden sea lo que da voz a las subjetividades y las hace trabajar juntas. Al contrario creo que un perpetuo caos, donde a través de las negociaciones colectivas constantes se generan ciertos caminos que, a cada paso, divergen y vuelven a negociar y donde las consecuencias sociales, el orden social es impredecible. Igual que la sociedad bazar, donde nunca hay un orden perfecto, inmutable y eterno, sino que cada situación en desequilibrio da lugar a otro desequilibrio pero siempre de alguna manera tendiendo hacia el equilibrio del bazar.

    Intento a la vez evitar oponer los conceptos orden y caos, y no igualar caos a desorden. Caos como orden en perpetuo cambio, pero no un cambio dirigido, sino un cambio desde el individuo hacia el colectivo y biceversa.

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